16/6/16

Nunca te voy a olvidar

Tú. Yo. Estábamos en una tienda de golosinas, de esas enormes que hay antes de entrar al cine. Nos acompañaba más gente, no recuerdo bien quiénes, pero ellos habían entrado ya mientras nos decían que nos diéramos prisa. Tampoco recuerdo qué película íbamos a ver. Pero sí que tengo una clara imagen de ti, con tu pelo rosa, metiéndome prisa para que comprara de una vez las gominolas. Había de todo, nunca había visto tantas y, aunque no soy mucho de esa clase de dulces, algo que tú seguramente no sabías, me cogí cosas de chocolate, ositos, regaliz negro y un montón de cosas más. Llevaba la bolsa llena y tú seguías metiéndome prisa porque la película iba a empezar. «Date prisa, corre, ¡paga de una vez!» me decías mientras pagabas unas cuantas ranas de chocolate. Me cogiste del brazo para obligarme a avanzar, y, mientras nos acercábamos a la entrada, ibas desapareciendo y te evaporabas poco a poco hasta que me quedé sola. Y todo pasó en unos segundos.

Cuando abrí los ojos pensé en contártelo, en hablarte de este sueño que había tenido. Pero no podía. No puedo. No podré. Nunca. Porque moriste un lluvioso día de febrero.

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